Voces de Resistencia/ El Salado, Florida Valle del Cauca.

07.12.2009. Colombia. El Salado, un proyecto artesanal de una comunidad indígena por la paz y la memoria

Lunes 7 de diciembre de 2009

“Es ese sentir humano, muy humano, que expresamos en nuestras pinturas, decorados y artesanías”, Proyecto Artesanías y Vida

Esta historia hace parte de la Serie Periodística, Voces de la Resistencia y la Esperanza, se realizó gracias al apoyo de la Consejería de Mujer, Familia y Generación durante el desarrollo de la II Asamblea Nacional de Mujeres Indígenas, “Orfa Mary Bubú”, Nov. 2009.

Sus Mujeres han sido el pilar de la comunidad; siembran esperanza, forjan sueños, y en sus artesanías expresan el legado ancestral de un pueblo que al pie de sus montañas ha construido un proyecto colectivo de vida, paz y armonía con fundamentos espirituales.

La esperanza ha acompañado siempre a esta pequeña comunidad de unas 400 personas, desde cuando se organizó y luego cuando con tesón y trabajo comunitario construyó la carretera y el colegio… 

En contraste con El Salado de los Montes de María -a cuya memoria y a las víctimas de este conflicto atroz rendimos homenaje (ver recuadro)- donde los paramilitares sembraron de horror y sangre una década de impunidad y atrocidad, esta comunidad indígena nasa, a punta de trabajo, tesón y esperanza ha construido y conocido la paz.

En la Comunidad El Salado del municipio de Florida, departamento del Valle del Cauca, reina la esperanza y el ímpetu de sus mujeres por construir vida y amor a través de sus artesanías y sus sueños. Allí, un grupo de mujeres cabeza de familia y niños especiales trenzan bolsos y pulseras en fibra, chaquiras y cabuya, producen artesanías, bordados y decoraciones en tela, sandalias y elementos de la cultura nasa, entre otros productos.

Johana Baltasar, una joven nasa de 24 años coordina el proyecto “Artesanías y Vida”. Allí mujeres y niños forjan sus sueños y aportan al proyecto comunitario que ha construido, en pocos años y con mucho trabajo, la paz que en otras partes del país destruyó la violencia.     Artesanías y Vida, un proyecto fundamentado en la ancestralidad de un pueblo

Antes de contar Johana en qué consiste su proyecto artesanal, dice que la tranquilidad de esta comunidad la deben a sus mayores, “por eso acogemos a quien nos visita con atención y esmero; armonizamos la comunidad con los rituales que orienta el T’wala (médico tradicional) eso nos ha ayudado a preservar nuestra ancestralidad”. Todavía en El Salado se practican varios rituales de la cultura nasa.   

La sede física del proyecto Artesanías y Vida, está ubicada en el colegio Instituto Departamental de Educación Básica Indígena Comunitaria, IDEBIC, donde también estudian los hijos de estas mujeres y estudia Johana y su hija. Es un colegio agropecuario que se formó también gracias al esfuerzo colectivo de varias comunidades nasas, entre ellas el asentamiento Cajones y El Salado, y con el apoyo de la Organización Indígena del Valle del Cauca, Orivac.       Johana Baltasar, esposa de un comunero nasa y madre de una niña de ocho años, dice que al proyecto llegó a raíz de un congreso de la Orivac, donde junto “con varias compañeras expusimos unas artesanías en chaquiras, otras compañeras nos motivaron luego a trabajar bolsos, sandalias en cabuya y fibra. La Organización nos motivó a comercializar; ahí empezamos a trabajar con bolsos, manilas y sandalias en terlenca…” Johana hace un paréntesis para explicar que trabajan con chaquiras porque fue lo primero que aprendieron a hacer y también por el contacto con los emberas (pueblo que utiliza chaquiras para sus artesanías) del Valle.  

En este sentido y con el propósito de aportar a sus hogares y su comunidad las mujeres se motivan a trabajar; no obstante a veces su ánimo decae cuando intentan comercializar sus productos sin éxito. “El problema -explica Johana- es la dificultad para dar a conocer el proyecto, tampoco hay una persona que nos oriente para exportar los productos o por lo menos quien nos ayude a venderlos para el sustento de las compañeras”.  

El proyecto Artesanías y Vida estimula la capacidad de las mujeres, quienes para bien de su comunidad y para expresar su cultura a través del arte dedican su tiempo a fabricar   bordados en tela y cinta; colchados en igual material; bolsos en fibra y cabuya; manilas y collares en chaquiras; sandalias en cabuya, terlenca y otros decorados; y toda una gama de elementos simbólicos de la cultura nasa.      Las artesanías y bordados de estas mujeres son hechas no sólo con materiales, sino con amor y esperanza; ellas quieren tener su propia microempresa, quieren ayudar al hogar, quieren salir adelante, ser excelentes amas de casa, pero también tener un proyecto de vida más allá, su trabajo es la chispa de la vida, la esperanza y el proyecto de paz… Les han demostrado a sus esposos que no están perdiendo el tiempo, sino haciendo algo grato par ellas y que más adelante va ser útil para el hogar. Otro merito es que su trabajo ha sido empírico; “no necesitamos de una profesora que nos enseñe la tenemos a aquí en nuestra mente”, dice Johana, eso sí agradece a otras mujeres de otros pueblos como el Wayuú de la Guajira y mujeres del Pueblo embera que han compartido con ellas sus conocimientos artísticos y artesanales.

Johana ha liderado el proyecto desde que comenzó. Dice, bromeando, que la escogieron muy joven porque es “bravita”. “Pero no, reitera, lo que pasa es que hay que tener carácter, hay que decir las cosas como son, cuando se requiera y a quien sea; de frente sin mandarlo a decir con nadie; es el respeto que se gana y que infunde autoridad y la autoridad que infunde respeto y hace que las cosas funcionen”.

En “cuanto a los tejidos -explica- son alusivos a la Madre tierra; sus colores expresan la naturaleza, el Arco iris, la luna, las estrellas. Los decorados es la parte tierna e innovadora que le agrega la mano femenina… Otras artesanías expresan un sentimiento diferente porque están dedicadas a sus hijas e hijos, a los esposos o de los niños a las mamás… Hay otros símbolos como los rombos y otros muy abstractos y son las huellas de la cultura nasa “entonces es ese sentir humano, muy humano, que también expresamos en nuestras pinturas, decorados y artesanías”, concluye Johana.

Para Johana ser indígena es su mayor orgullo: “ser nasa es algo muy lindo que te diferencia de gente que, incluso, admira esta cultura, por eso insisto a mis compañeras que deben sentirse orgullosas de nuestro pueblo, de nuestra comunidad y cultura; soy nasa lo digo con orgullo, es lo más bonito para mí”.  

       El Salado  

La historia de El Salado, una comunidad nasa de Florida, Valle del Cauca, la escribe una mujer indígena en honor a sus ancestros y reconocimiento a uno de sus fundadores: José María Baltasar, hoy parte del mundo espiritual de donde proviene su pueblo nasa.

En contraste con El Salado de los Montes de María, un corregimiento del municipio Carmen de Bolívar, donde los paramilitares sembraron de horror y sangre una década de impunidad y atrocidad, esta comunidad no ha conocido el conflicto en la zona; por el contrario construyó en unas tres décadas un proyecto de vida que hoy hace de esta zona rural un remanso de paz y esperanza.

En la construcción de este remanso -porque tampoco es un cuento de hadas, sino la lucha persistente de una comunidad…- han jugado un papel trascendental las mujeres, la espiritualidad nasa y el abrazo ferviente de la naturaleza que recibe todo su atributo de la Cordillera Central.

Cada cual ha puesto un ladrillo, una piedra o un día de “voliar” pico y pala para que esta comunidad tuviera carretera, como lo expresa Johana Baltasar, una joven nasa que se la ha jugado porque las mujeres sueñen; “que tengan un proyecto de vida, además de criar sus hijos y atender el hogar hay que soñar, hay que estudiar, hay que salir adelante…” El Salado es un asentamiento indígena; una comunidad que se conformó con mucho trabajo y unidad, hace más de 20 años, porque antes, “era una acción Comunal -recuerda Johana-; para ser lo que somos hemos trabajado muy duro…”

José María Baltasar, quien ya murió, fue también quien puso la primera piedra; de ahí en adelante toda la comunidad ha puesto su granito de arena; construyeron la escuela; a pico y pala abrieron la carreta que les une con otras veredas y Florida, y sobre todo han cimentado un verdadero proyecto de vida y armonización, en el cual ni siquiera la religión con todo su empeño de “ganar almas” ha podido dividirlos. 

José María, quien impulso varios proyectos, tiene hoy una joven admiradora de su tesón que escribe su historia; en este libro quedará plasmado no sólo sus aportes, sino el proyecto de vida de una comunidad, que con su trabajo, sus rituales y espiritualidad ha logrado mantenerse al margen del conflicto armado; “vivimos tranquilos y en armonía con la madre tierra”, expresa Johana, con el orgullo que le confiere el ser una mujer indígena.

Fue “gracias a él -expresa la joven nasa- que se logró comunicar la comunidad con otras zonas, en cuanto a vías se refiere; con el impulso de José María se construyó el primer Centro comunitario para acoger a la gente de otra partes; se logró construir la escuela, la cancha, una tienda asociativa, la caseta comunitaria y un caserío como de 18 familias”.

La comunidad, de unas 400 personas, vive del cultivo de café, banano, guineo, yuca y arracacha. La madre Tierra les provee para vivir, y esos productos se comercializan cada fin de semana en Florida o en Cali. La comunidad se ha armonizado, aunque la religión ha tratado de dañar un poco el proceso, pero se ha tratado de llegado al diálogo franco.

La única huella dolorosa que carga la historia de esta comunidad es que un día del siglo pasado una  avalancha del río Santa Bárbara arrasó el caserío donde se concentraba gran parte de la comunidad. Pero la Avalancha no se llevó la esperanza de la comunidad, hoy con empeño y madurez y con la orientación de los mayores construyeron de nuevo no sólo sus casas, sino sus sueños y su proyecto comunitario.  

A esta comunidad aunque lejos del conflicto ha sentido sus efectos y sobre todo se sienten afectados por las políticas del actual gobierno, al cual las mujeres del proyecto Artesanías y Vida consideran como temerario; son conscientes, por ejemplo, que mientras esté, este gobierno no van a conseguir la titulación de su resguardo, es un esfuerzo perdido, dicen; “es como pedirle a las zarzas que den flores”, concluye una de ellas.

También lamentan la crisis de valores y principios de la humanidad, “hay mucha des-integridad, individualismo, no hay compromiso colectivo -a excepción de las comunidades indígenas-, mucha gente se avergüenza de sus ancestros…”, asiente otra mujer que hace parte del Proyecto.  

En honor a las víctimas del conflicto colombiano y en este caso particular de El Salado, Carmen de Bolívar presentamos estos pequeños apartes del Informe, “La Masacre de El Salado: esa guerra no era nuestra, 2009”, producido por el Grupo Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación

…La masacre de El Salado hace parte de la más notoria y sangrienta escalada de eventos de violencia masiva perpetrados por los paramilitares en Colombia entre 1999 y el 2001. En ese período y sólo en la región de los Montes de María ese ciclón de violencia se materializó en 42 masacres, que dejaron 354 víctimas fatales…

…Una masacre de la cual muchos habían sido forzosos espectadores se había quedado sin testigos. Las cifras del éxodo en El Salado son ilustrativas de los altísimos niveles del terror diseminado por los paramilitares: de los 4.000 desplazados de El Salado, sólo han retornado unas 700 personas. El Salado trasluce por doquier un inquietante sentimiento de pérdida en las víctimas sobrevivientes.

…El proceso de irrupción de la memoria de las víctimas de El Salado en la escena pública describe una parábola en la que se transita lentamente de la memoria individual al momento social de la memoria, que apenas comienza a perfilarse. Ante la asimetría de la situación y el desarraigo, el repliegue o el procesamiento íntimo de la tragedia fue comprensiblemente el común denominador entre las víctimas…

…La memoria en Colombia está en emergencia, en un doble sentido: irrumpe por doquier con fuerza, pero al mismo tiempo está en riesgo o genera riesgos. En El Salado y en toda la región de Montes de María algo ha comenzado a cambiar, aunque persistan justificados temores, ya que la guerra no ha terminado...

Contacto: Ismael Paredes



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