23.11.09 Venezuela/ PATRIA NUESTRA Pueblos de la Faja Petrolífera Programas sociales de Pdvsa llegan a Boca del Pao
Lunes 23 de noviembre de 2009
Asentado a la orilla del gran río, Boca del Pao fue en el pasado punto de paso y de embarque hacia Ciudad Bolívar. Es un pueblo remoto, tranquilo, habitado por gente sencilla. La estatal petrolera fi gura como el principal ente de apoyo con sus programas sociales
A las 5:40 pm, cuando las aguas del Orinoco se tiñen con los reflejos rojizos del atardecer, Simón Álvarez se monta en su curiara y parte a Canalete a revisar los guarales; quien quita que encuentre un pez ensartado en los anzuelos. En ese instante sólo se escucha el suave sonido del remo hundiéndose en las aguas tranquilas hasta que un pájaro matraquero con su tac tac tac rompe el silencio con su vuelo. Minutos después, comienza a tronar en el norte, anunciando lluvia.
Víctor Vivas es otro pescador. Aborda su canoa antes de que el sol se oculte en el horizonte y avanza costeando río abajo por la misma ruta de Álvarez. Lleva pececitos vivos como carnada, una sábana y una ración de pan dulce y queso metida en una bolsita plástica. Álvarez regresará más tarde. Vivas pescará un rato en la noche, y luego se acostará en algún rancho veguero levantado en las islas del Orinoco.

En el pueblo se encuentra mucha paz y se puede vivir sin estrés. Los atardeceres en el río Orinoco son memorables
Ambos viven en un cuarto en el puerto El Guamal, distante unos tres kilómetros de Boca de El Pao. “Somos pescadores pobres. Andamos a remo”, dice Vivas antes de partir.
Para Natacha Vallé Acuña, estas sencillas estampas del Orinoco, con sus siluetas de pescadores a la hora del crepúsculo, representan algunos de los encantos de Boca del Pao, pueblo asentado entre el Orinoco y la desembocadura del río Pao que viene del norte, desde su naciente en la Mesa de Guanipa.
Para ella, el estado Anzoátegui tiene dos bendiciones: el mar al norte y el Orinoco al sur. En este contexto, Boca del Pao goza de una ubicación privilegiada. Por eso fue tan importante en siglos pasados, ya que representaba un puerto en el Orinoco en la ruta hacia Guayana. Por aquí pasaban los patriotas en sus incursiones hacia Angostura durante la Guerra de la Independencia. Bolívar estuvo en Boca del Pao después de un combate.
Natacha Vallé Acuña nació en Caracas pero vino a refugiarse a esta comunidad remota siguiendo a su madre Luisa Acuña, quien regresó como jubilada a su pueblo natal luego de prestar servicios en la Facultad de Odontología de la Universidad Central de Venezuela.
“Mi mamá tenía mucho sentido de pertenencia. Para ella este pueblo era una maravilla. Mi abuelo José Francisco Acuña Gil fue uno de los primeros bongueros. Era de Caripito. Aquí sembraba tabaco y tenía negocios. Compraba y vendía animales. Cuando llegué aquí, vi un pueblo abandonado en todos los aspectos. En las aulas de Odontología, en la UCV, me dijeron que para el año 2000 tendríamos un país libre de caries y aquí encontré a jóvenes de menos de 25 años con dientes cariados. Este pueblo es un paraíso porque puedes vivir tranquilo, sin estrés, respirar aire puro. Puedes ver las constelaciones del cielo. Aunque digan que eres un comeflor, encuentras mucha paz, puedes disfrutar del medio ambiente, puedes comerte un pescado recién sacado del río”, afirma Natacha Vallé Acuña.
En la conformación urbana del pueblo predominan las casas antiguas de barro con techo de cinc. Muchos de aquellos maestros que construyeron estas sólidas viviendas ya fallecieron.
Pedro Alvarez, quien se presenta como “nacido y criado “ en estas tierras, en una de las islas del Orinoco, señala al finado “Renco” Suárez como uno de los albañiles y constructores de ese tipo de viviendas de paredes macizas hechas de barro con paja, que soportaban un tiro de FAL.
En ciertos casos a los techos se les colocaba una capa de juajuilla (planta utilitaria) triturada con barro con lo cual se formaba un techo raso refractario para mitigar el calor.
Natacha Vallé Acuña señala una casa en ruinas, cerca de la plaza Bolívar, como una de las interesantes reliquias que aún quedan en pie. Calcula que su construcción data de la época de la Federación, en el siglo XIX.
La vivienda, explica, posee un soberado que es una especie de almacén debajo del techo construido con caña brava, barro y se empañetaba con bosta de vaca mezclada con sangre de toro.
Además, se le echaba azufre para combatir los insectos. Allí se ocultaban alimentos para salvaguardarlos de las frecuentes incursiones armadas.
La gastronomía es otra singularidad del pueblo. La joven enumera los platos más conocidos, cuyas recetas aprendió de su madre: buñuelos de yuca amasados con la grasa de la ubre de vaca y endulzados con papelón; palo a pique; pescado ahumado; carato de mango, de maíz y de moriche; dulces de merey, de cereza, de moriche; turrón de moriche. La mayor parte de las necesidades locales las atiende Pdvsa a través de su programa de mejoramiento y atención a las comunidades.
La empresa petrolera estatal acondicionó un centro de gestión parroquial, lo dotó de computadoras y mobiliario. Domingo Martínez, desde el centro de gestión parroquial, señala que Pdvsa les donó dos unidades de transporte y esperan por la concreción de otros programas como el acondicionamiento de las vías agrícolas, la construcción de viviendas, mejoramiento del servicio de agua y salud.
SAN PEDRO DE LA PUERTA
Boca del Pao, poblado por unas 700 personas, pertenece al municipio Francisco de Miranda, cuya capital es Pariaguán, pero sus relaciones son más estrechas con la ciudad de El Tigre, distante al noreste a 140 kilómetros.
El pueblo carece de expendio de gasolina, pero Ramón Magallanes montó en su casa un ingenioso surtidor artesanal desde el cual satisface la demanda desde hace 15 años.
La bomba casera posee un tanque de 2.000 litros, desde el cual, con un motorcito eléctrico, se lleva el combustible a un pipote de 190 litros. De aquí, a través de una manguera, se echa la gasolina al tanque del automóvil. La cantidad se mide por un tubo plástico, seccionado en litros, pegado al pipote.
La reseña histórica detalla que la población fue fundada en el año de 1794 por frailes capuchinos con el nombre de San Pedro de la Puerta. Sus primeros habitantes fueron indios caribes. Más tarde, al cambiar de curso el río, los habitantes se mudan y se instalan en la desembocadura de éste en el Orinoco. El sitio pasa a llamarse Boca del Pao.
En el pueblo viven unos 700 habitantes, la mayoría de ellos dedicados a la agricultura y la pesca. Uno de estos habitantes singulares es Ramón Rafael Franco, quien es presentado como un ejemplo de longevidad. Nació el 23 de noviembre de 1907 en Zaraza, estado Guárico. De allá se vino caminando, de pueblo en pueblo hasta llegar a Boca de El Pao hace 70 y pico de años. A sus 103 años de edad, todavía trabaja en su conuco y se siente preocupado porque este año 2009 ha llovido poco y la siembra de maíz está a punto de perderse por esa causa.
Gente de manos prodigiosas
Apolinar Romero fue un artesano de manos prodigiosas. Sus tinajas se encuentran en las casas de casi todos los pueblos y caseríos de esta porción anzoateguiense de la Faja Petrolífera del Orinoco: Mapire, Santa Cruz del Orinoco, Uverito, Santa Clara, San Diego de Cabrutica.
Victoria Vivas, una mujer de 77 años y a María Medina, una indígena kariña de 85 años, son modelos de la laboriosidad de la mujer de estos campos. Victoria Vivas se levanta a las 4:00 am a torcer el moriche con que obtiene la madeja para tejer el chinchorro. Luego, a las 6:00 am, se va para el conuco a limpiar con escardilla el maíz o el frijol. Nunca está quieta.
FUENTE: RNV CORREO DEL ORINOCO http://www.rnv.gov.ve/noticias/inde...
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