informativo laboral

Trabajadores en resistencia

Lunes 17 de agosto de 2009 por Katia Tosco

Bajo un cielo gris amenazador, una mujer detiene a carros y camionetas en la gran carretra que atraviesa la zona industrial de San Joaquín, cerca de la ciudad de Valencia. “Por favor señor, para los trabajadores de Johnson Controls, que llevan un mes en la calle”, pide con acento de Maracaibo. El conductor desliza un billete azul en el tarro que resuena con las moneditas de las donaciones. Una llovizna empapa el cartel de cartón que enarbolan los compañeros de “la Maracucha”: “Trabajadores en lucha: hoy por mí, mañana por ti”.

El campamento queda a unos doscientos metros: dos carpas donde por turno acampan los trabajadores, delante de la planta cerrada. Un cerco de alambres la rodea, y de la reja cuelgan lienzos donde se lee en letras rojas y negras “Ya basta de tanta burla”, “Queremos trabajar”, “Tenemos derecho”, “Johnson Controls no respeta a sus trabajadores”. Hace un mes, esta empresa constructora de butacas de carro se declaró en quiebra, alegando la disminución de la actividad de General Motors por la crisis económica mundial. Una justificación difícil de tragar, para muchos trabajadores, cuando la empresa ya cerró varias veces con el pretexto de quiebra, para volver a abrir bajo otro nombre, ahorrando así las prestaciones sociales o los salarios que implicaría un paro oficial. Esta vez, Johnson Controls presionó a los trabajadores para que aceptaran un 25% de las prestaciones sociales que les toca. Por miedo, por necesidad, algunos firmaron el acuerdo, y corre el rumor de que la empresa ya les aseguró un empleo cuando vuelva a abrir sus puertas. Los otros trabajadores y trabajadoras – la mayoría son mujeres – emprendieron una lucha para cobrar la totalidad de sus prestaciones, que hasta ahora se negó a pagar la empresa, culpando al gobierno por la falta de divisas en la que dice encontrarse.

Betty Frías, la Maracucha, hace parte de los que no aceptaron el compromiso y resisten. En casa , rodeada por sus hijos, pica pollo para el almuerzo al cual nos invitó, aunque, después de un mes sin cobrar, la nevera está prácticamente vacía. Nos confiesa que le da pena tener que “pedir limosna” en la carretera. Habla de la humillación que siente, de la injusticia cometida por una empresa que realmente “puede hacer lo que le da la gana” con los empleados. En la voz de Elia Murillo, líder de los trabajadores, se oye el mismo resentimiento. Ella dice no ser chavista, se define como apolítica. “Siempre decía que si no trabajo, no como. Cuando me hice parte de un conflicto colectivo, entendí cuál era la visión de Chávez... pero él no tiene tiempo para oír a su pueblo.” En efecto, frente a los empresarios, el sentimiento de abandono por las autoridades predomina. “Si él no vigila eso, no creo que tenga futuro la revolución” El 19 de junio, día en que Johnson Controls cerró sus puertas, Milagros Blancos, de la unidad de supervisión del Ministerio del trabajo, estuvo en la planta y levantó un informe... que fechó del 29 de junio. El asesor judicial de los trabajadores armó un expediente reclamando que se decrete un despido masivo, pero la lentitud de las decisiones judiciales y la complejidad del proceso administrativo dejan los obreros confundidos y con ira. El día 24 de julio, organizaron otra marcha al Ministerio del trabajo, a los gritos de “Inspectora, ¿por qué tanto silencio?” El gesto impaciente de ésta, la actitud despectiva, rechazando el diálogo y vetando la entrada de las cámaras al ministerio.

Entonces hay que esperar y aguantar, seguir acampando delante de la planta, aguantando los palos de agua, los zancudos por la noche, pidiendo dinero en la carretera y comiendo mal y poco. Ante la frustración de la espera, las soluciones se discuten con otros trabajadores de la zona industrial: volver a trancar la carretera en señal de protesta, entrar a la planta y vender las máquinas para cobrarse, u organizarse en cooperativa y volver a arrancar la producción. Deseosos de quedar dentro de la legalidad, los obreros son reticentes a tomar las instalaciones. Un compañero advierte: “Si ustedes salen de aquí, van a sacar toda la maquinaría y hacerlo por otro lado”.

Amanece el día. Los tejedores se activan en sus nidos, los primeros camiones pasan por la carretera. Mientras unos preparan café, otros, cuyo turno se acaba, sacuden las carpas de la lluvia de la noche. Los rostros están sonrientes delante de las cámaras pero con huellas de cansancio después de pocas horas de sueño. Otro día de lucha obrera.



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